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... El renacer de la empresa puertorriqueña   


José Molinelli
Geomorfólogo
sábado, 22 de febrero de 2003



Toda nación que quiera progresar tiene que desarrollar su clase empresarial. Mientras el gobierno trata de crear empleos focalizando en importar industrias y eximirlas del pago de arbitrios, cientos de comercios y empresas puertorriqueñas que aportan significativamente a nuestra economía y estabilidad social están siendo adquiridas o desplazadas por la competencia desigual de empresas "de afuera".

Éstas ya no solo dominan el sector industrial, sino que están acaparando el área de la venta al detal y los servicios. Los que iban a Los Muchachos o a la Ferretería Villamil ahora van a Home Depot, el pollo del Caporal ahora se pide en el Kentucky, la clientela de González Padín y Velasco ahora compra en Macy's, la farmacia Caribe sucumbió ante Walgreens, y hasta las funerarias están siendo controladas por capital extranjero. Prácticamente todo -ropa, comida, muebles, e incluso las medicinas- se adquieren en negocios que "no son de aquí".

Cada día que pasa decrece la participación del empresario puertorriqueño en nuestro sistema económico. Puerto Rico se está convirtiendo en un país de megatiendas y negocios de comida rápida. A pesar de que estas compañías son fuente de trabajo digno para muchos, este hecho supone que la mayor parte de las ganancias -producto de las ventas realizadas a base del salario y el endeudamiento de los puertorriqueños- va a parar fuera de Puerto Rico. La mayor parte de este dinero no termina en los bancos locales, ni redunda en el financiamiento de nuevos proyectos en la Isla. Tampoco acaba en el bolsillo de empresarios puertorriqueños que puedan reinvertir el mismo para ampliar sus ofrecimientos, generando así nuevas fuentes de empleo y de ingresos para el país. Por el contrario, la substitución de la empresa puertorriqueña por compañías de afuera termina poniéndonos a trabajar "pa'l inglés", enriqueciendo arcas ajenas a costa del esfuerzo y la productividad de las manos puertorriqueñas.

Una de las causas de la desaparición de empresas locales ha sido la mala planificación. La misma ha creado el serio problema de desparramamiento urbano que hoy sufrimos. Hasta hace algunas décadas un número significativo de personas residía en los cascos de los pueblos y ciudades de Puerto Rico. Como en las grandes ciudades, se iba a pie a la farmacia, al colmado, a la escuela, al barbero, a la costurera y al doctor. Estos negocios y servicios dependían de esta clientela fija, y eran fuentes de empleo seguro para los residentes del pueblo o la ciudad.

Con la proliferación del uso del automóvil y la construcción de urbanizaciones a mediados del siglo pasado, la población comenzó a ubicarse cada vez más lejos de los núcleos urbanos. Comenzaron entonces a surgir centros comerciales a lo largo de las carreteras que unen las urbanizaciones con los centros de trabajo. Estos centros, cuyas tiendas responden en gran medida a intereses económicos ajenos a Puerto Rico, comenzaron a acaparar el mercado local.

El 'boom' en la construcción de urbanizaciones y autopistas ha traído consigo un crecimiento acelerado en el número de centros comerciales.

El pequeño comerciante y el empresario local han sido desplazados debido a la pérdida de clientela, y muchos de los que eran dueños y empleados de empresas locales se han tenido que incorporar a la nómina de las mismas empresas que causaron el cierre de sus fuentes de trabajo.

La situación económica que afecta a Puerto Rico presenta un reto a nuestra creatividad e iniciativa, y una oportunidad extraordinaria para redefinir nuestras estrategias de desarrollo económico. ¿Qué podemos hacer para revertir esta tendencia, fortalecer al empresario puertorriqueño y crear nuevas fuentes de empleo que no dependan tanto de los vaivenes del mercado global? Hay varias acciones que requieren la atención inmediata del gobierno y de la ciudadanía.

(1) La Junta de Planificación (JP) y la Administración de Reglamentos y Permisos (ARPE) deben detener la proliferación desordenada de megatiendas y centros comerciales y ponderar sus efectos adversos sobre la economía del país.

(2) Estas agencias deben asumir el liderato para implantar de inmediato un programa ágil y efectivo que garantice que tanto la infraestructura como las miles de viviendas programadas como parte del compromiso de la actual administración sean ubicadas en los cascos urbanos de los pueblos. Así se estimulará el repoblamiento de nuestros cascos urbanos y se promoverá el establecimiento de cientos de pequeños negocios que generarán miles de empleos a través de toda la Isla.

(3) La JP y demás agencias reguladoras deben cumplir con las políticas públicas vigentes dirigidas a desalentar la construcción fuera de los núcleos urbanos. Esto permitirá utilizar y mejorar la infraestructura existente de agua, energía eléctrica y carreteras, ahorrándole a los contribuyentes el alto costo asociado a extender la misma fuera de los centros urbanos.

(4) La Corporación de Desarrollo Económico junto a la empresa privada y los Departamentos del Trabajo y de Educación, deben promover en la escuela y a través de los medios, la visión y el conocimiento que sirven de base para el desarrollo de una cultura empresarial. Esto hará que desde temprana edad un número mayor de puertorriqueños se plantee, no quién los va a emplear, sino qué van hacer para establecer una empresa productiva que dé vida a la economía del país.

(5) Nos corresponde, por último, a todos los puertorriqueños dar prioridad en nuestras compras a los productos hechos en Puerto Rico. Mediante un programa agresivo de substitución de importaciones, los ciudadanos y el gobierno podemos afianzar al empresario puertorriqueño ayudándolo en la promoción y venta de sus productos.

La adopción de estas medidas servirá para encaminar a Puerto Rico hacia una mayor autonomía fiscal, mediante la cual el puertorriqueño será el dueño no sólo del pez, sino de la caña de pescar. Servirá para que la ganancia generada por cada dólar que gaste el puertorriqueño permanezca en la Isla y se multiplique en oportunidades de empleo, inversión, seguridad laboral y calidad de vida. Servirá, más aún, para que los puertorriqueños podamos decidir nuestro destino sin que esa decisión esté enmarcada en la dependencia, en fuentes de empleo y fondos controlados por intereses que no tienen compromiso alguno con el progreso de esta tierra.


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