Destemplanza y postsurrealismo
Ricardo Alegría Pons
Abogado

martes, 15 de abril de 2003    

Punto de encuentro

Este ASUNTO de la invasión de las fuerzas angloamericanas a Irak acusa -por decirlo en términos filosóficos antiguos, como merecerían las tierras milenarias de Babilonia donde las santas escrituras ubican el jardín del Edén y la historia la cuna de la civilización, de destemplanza.

Bombas -con su inevitable saldo en vidas humanas inocentes, (¿quién no es inocente en una invasión armada a su patria?), no dejan de ser arrojadas. Los portavoces de los invasores anuncian con función que ese bombardeo a Irak será algo nunca antes visto, o sea, superior a Guernika y a los blitzkrieg nazis ¿a Hiroshima y Nagazaki? ¿Cómo se inició esta locura? El protagonista de El Extranjero, la célebre novela de Camus, recuérdese, actúa destempladamente contra un árabe cegado en sus ojos y en su mente por un sol inclemente. Dispara cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que las balas se hundían sin que se notara. Este acto de fuerza excesiva e innecesaria que finalmente acarrearía la desgracia del protagonista de la novela es su leit motiv, por haber destruido el equilibrio del día, según su autor.

Tres razones, creo que expusieron a manera de justificar (legitimar) la invasión a Irak: Relación de Saddam Hussein con la destrucción de las torres gemelas de Nueva York; armas de destrucción masiva en posesión del gobierno iraquí; tipificación de Hussein como un déspota oriental.

Las dos primera alegaciones nunca han sido probadas. El derecho penal norteamericano, recuérdese, exige que la culpa se pruebe antes de imponerse la sanción. La tercera alegación sería extensible también a múltiples regímenes de la región muchos de ellos al presente amigos y colaboradores de los propios Estados Unidos. Además no deja de ser irónico que el único presidente de los Estados Unidos no electo por el pueblo se rasgue las vestiduras en este renglón.

Andre Breton, definía como el acto surrealista más simple, el disparar en la calle un revólver en cada mano a una multitud en forma indiscriminada y tan rápido como sea posible. Pero, ¡ay! esta definición de surrealismo (movimiento artístico que pretendía ilustrar la alucinación más terrible posible) ha quedado como se ha visto desfasado.

A estas alturas del conflicto es harto evidente que la decisión se tomó solamente desde un ángulo estrictamente militar. Historia, religión, antropología y psicología de pueblo, sin duda no fueron tomados en cuenta. ¿Sabría el presidente George W. Bush quienes fueron los Asirios?

Qué cabe esperar de esta destrucción del equilibrio del día -como escribe Camus en El Extranjero de esta destemplanza. ¿Cuántos muertos cuesta la victoria?, como cantaba la cantautora española Cecilia.
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