Imperios de destrucción masiva
Pedro Rafael Ortiz S.
Sacerdote Diocesano

sábado, 26 de abril de 2003     

Punto de encuentro

Sin duda alguna; el conocimiento, las nuevas tecnologías-comunicaciones y la economía, actualmente representan la base para que las naciones puedan intimidar a otros y así mantener el control. La primera fase de la brutal agresión de las naciones aliadas fue denominada como "Campaña de choque e intimidación". Esta gestión no es solamente contra el gobierno de Irak, sino que para Estados Unidos y sus aliados, ésta es la mejor manera de intimidar a la humanidad. Y un mundo intimidado puede sufrir una gran "parálisis" por el miedo que genera el bombardeo intenso sobre millones de hermanos nuestros. Esta acción bélica está al margen de toda legalidad y legitimación internacional, y el único organismo que podía concederla es la Organización de Naciones Unidas. Sin embargo, el mensaje del gobierno norteamericano ha sido claro: "Esto es lo que sucederá si el mundo no hace lo que nosotros queremos", me dijo el amigo Juan José.

Es como para preocuparse, pues los representantes del propio gobierno señalan que ellos desean que cada nación sea libre. Que todos aprendan a vivir esa "libertad" bajo su completo dominio. Aquí aparecen las contradicciones.

¿Dónde está la oportunidad para que nuestros hermanos de Irak sean realmente libres? El hecho de que esta hermana nación cambie de amo, no es indicativo de que tendrán libertad. Vivir en la libertad, luchar por un mejor presente y un mejor futuro le corresponde a la conciencia de cada cual. Y cuando alguien no asuma responsablemente su libertad, y estemos preocupados por la calidad de vida en el mundo, lo que corresponde es abrir las puertas del diálogo para ayudar a que el respeto a la dignidad sea el fundamento de los pueblos libres.

Esa preocupación de que otro quiera dañar a la humanidad no puede ser la justificación para organizar proyectos violentos intentando prevenir tales acciones. "Ay de estos hijos rebeldes que traman planes que no son los míos, y que se comprometen con pactos ajenos a mi espíritu, de modo que acumulan pecados y más pecados". (Iss. 30,1) No pueden existir las llamadas "guerras preventivas" para pretender salvar al mundo de los peligros que enfrenta. Porque siempre existirá en las relaciones humanas, un alto nivel de riesgo. Cada persona o nación puede representar un peligro para los demás en la medida en que alguno no viva el verdadero amor. Por eso, el Evangelio nos llama a la conversión. A menos que el riesgo alcance una situación límite no debemos considerar una acción radical para tratar de evitar un daño mayor.

Y aún en esas circunstancias entiéndase que a los seres humanos no nos corresponde eliminar a nada ni a nadie. "Dejen que el trigo y la cizaña crezcan juntos…" A veces utilizamos como pretexto la defensa de los demás, especialmente los más pobres, para proteger nuestros intereses mezquinos… pero mantengamos la calma porque "os pobres volverán a alegrarse en Yahvé, y los hombres más pobres en el Santo de Israel se regocijarán. Porque se habrán terminado los tiranos, se habrá acabado el hombre burlador y serán exterminados todos los que desean el mal". (Iss. 29, 19)

Permanezcamos vigilantes para evitar que los destellos de egoísmo y prepotencia que llevamos dentro nos conduzcan a la intolerancia que busca cancelar a los demás.

En esta tierra que Dios nos regaló podemos convivir todos. Sin los demás no tendremos vida. Porque la convivencia es con los otros. No permitamos que la polvoreda del bombardeo imperialista continúe oscureciendo "nuestros cielos". Esperamos cielos nuevos y las tierras nuevas.
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