Falso Reclamo Israelita

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Puerto Rico y su independencia
Laura Meneses

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Escrito en el 1960

Extraído del libro
Albizu Campos y la independencia de Puerto Rico

Si a usted le preguntaran qué país del mundo debe ser reducido a la esclavitud ? Cuál señalaría? Si le preguntaran qué país no debe ser libre e independiente, ¿cuáL indicaría? No existe un hombre de conciencia entre los 3,000,000,000 del mundo, capaz de decir qué país libre debe ser reducido a la esclavitud; tampoco ninguno sería capaz de afirmar qué país sojuzgado no debe ser libre e independiente.

Cuando le hice las dos preguntas anteriores a usted tampoco se le ocurrió el nombre de un país para contestarlas. ¿Por qué? ¿Pensó siquiera que debía meditar un rato para determinar qué país debe ser reducido a la esclavitud o cual no debe ser libre e independiente? No, no pensó en eso, en que tenía que meditar la respuesta.

Pensó usted que alguna razón económica, racial, estratégica, cultural o de otra índole debería tomarse en cuenta para resolver qué país debe ser reducido a la esclavitud o cual no debe ser libre e independiente? Tampoco se le ocurrió a usted eso.

Como a todo hombre o mujer de conciencia, las primeras preguntas lo tomaron de sorpresa, le parecieron extrañas, absurdas, brutales, y sin siquiera tomarse tiempo para razonar este sentimiento, contestó inmediatamente que ningún país debe ser reducido a la esclavitud, que todo pueblo tiene derecho a ser libre e independiente. ¿Por qué no se detuvo usted para ofrecer una respuesta razonada? Cuando hice esta pregunta a un amigo me contestó con otra: "Qué niño debe ser asesinado en este momento?" Agregó: "A esta hora es de día, ¿tenemos necesidad de razonar por qué es de día? Hay verdades tan evidentes que no es necesario probarlas, a menos que querramos caer en la irresponsabilidad de jugar con las ideas o en la monstruosidad de ignorar nuestra capacidad mental".

Hay situaciones tan absurdas, tan terribles, tan contra todo sentido humano, que ni siquiera podemos imaginárnoslas. ¿Desea usted ser esclavo, que su familia sea esclava, que su madre sea esclava? "No se concibe a la patria esclava como no se concibe a la madre esclava.", ha dicho Pedro Albizu Campos.

La esclavitud mental en las Trece Colonias.

No obstante lo dicho hubo hombres que influídos por fuerzas retardatarias, combatieron su derecho a la libertad o alegaron que no estaban preparados para su ejercicio. Uno de esos casos lo constituyó la mayoría de los habitantes de las trece colonias que luego fundaron el estado conocido hoy como Estados Unidos de Norteamérica. Los historiadores que se han dedicado al estudio de la época emancipadora de esas colonias, han llegado a la conclusión de que una tercera parte de la población estaba en contra de la independencia y a favor de las fuerzas imperiales británicas, otra tercera parte era indiferente a la situación de su país y la tercera restante demandaba la independencia nacional.

En su historia de los Estados Unidos, primer tomo, página 129 y siguientes, el escritor James Truslow Adams se expresa así acerca de la opinión pública en las Trece Colonias en 1776:
"El 3 de julio Washington llegó a Cambridge y pasó revista a su ejército. Con efectivos de 20,242 soldados y oficiales, de los cuales sólo 17,215 estaban presentes, era sólo un ejército en el nombre, y podemos aquí echar una mirada a alguna de las dificultades que habían de asediar a Washington durante toda la guerra. En realidad ho hubo nunca más que el núcleo de un ejército. Es un error pensar en nuestra norteamérica de la Revolución como una nación de patriotas alzados alzados todos en defensa propia. Cuando llegó la independencia, John Adams pensaba que un tercio del pueblo estaba a su favor, un tercio en contra, y un tercio era neutral. Channing, el historiador neoinglés, indicaba un cuarenta porciento de la población como un buen porcentaje de los que podían considerarse "revolucionarios militantes".

"Este cálculo nos daría --sigue diciendo Truslow Adams--, para una población de 2,200,000 blancos, unos 250,000 revolucionarios en edad militar. En la guerra Boer de 1900, una población de 300,000 boers puso más de 40,000 hombres sobre las armas, y si nosotros hubiésemos hecho lo mismo en nuestra defensa, de 1776 a 1783, podríamos haber tenido 280,000 combatientes. Sin embargo, Washington no tuvo nunca a sus órdenes más de 18,000 en ningún combate, ni más de 22,000 en ningún momento en su ejército, y durante gran parte de la guerra sólo una fracción de estas fuerzas. Por supuesto, a causa de los cortos plazos de alistamiento y los cambios constantes en el personal, muchas veces ese número sirvió durante el curso de la lucha por unos días, semanas o meses. Por otra parte Van Tyne, primera autoridad sobre la materia, estima que 50,000 norteamericanos que permanecieron fieles a Inglaterra sirvieron con las fuerzas británicas.

"Un espiritu tan sucio mercenario lo invade todo, que no me sorprenderá ningún desastre que pueda suceder", he aquí uno de los muchos comentarios que el nuevo comandante en jefe escribía sobre los que tenía a sus órdenes.

"Con la milicia, escribía Washington, sólo podía contarse por unos días, pues después se cansaban, se volvían ingobernables y se escurrían hacia sus hogares. En febrero de 1776 la mitad de su ejército se había fundido. Con el tiempo logró formar un grupo de oficiales aptos, pero durante toda la guerra tuvo siempre las mismas dificultades con la tropa. Siempre que había lucha, se podía contar con que acudirían los granjeros a tomar parte irregularmente en el combate; pero era sumamente difíficil hacr que se alistasen los hombres, aún ofreciendo una buena cantidad de dinero en metálico para el enganche... todo hacía el servicio sumamente impopular".

Acerca del Servicio Sanitario del ejército, informa Truslow Adams, "De los cuatro directores generales, uno fué sometido a tribunal de guerra y dos despedidos del servicio. Como afirma el coronel Ashburn, historiador del Cuerpo Sanitario de nuestro ejército, hay poco o nada, en éste aspecto de la lucha, de que podamos enorgullecernos.

"Lo que se dijo del Servicio Sanitario puede decirse de casi todos los otros. Hubo momentos en que las tropas casi perecían de hambre, hallándose en ricos distritos de labranza... Además, granjeros y comerciantes, tanto los patriotas como los 'tories', se aprovechaban descaradamente a expensas de los soldados. En el terrible invierno de Valley Forge, Washington apenas pudo obtener alimentos suficientes para impedir el hambre entre sus soldados, pues los granjeros preferían venderlos a elevado precio, en oro, a los británicos que ocupaban Filadelfia. A veces por semanas enteras, sus tropas no tenían más pólvora de la que había en sus cartuchos.

"Como ya vimos, el número de los que se unieron a las fuerzas combatientes británicas fué muy grande... los norteamericanos que tomaron como suyo el lado británico de la disputa y lucha, creían estar al lado de la ley y el orden y que contribuían a mantener las bases establecidas de la sociedad".

El ejército de Jorge Washington sólo ascendía a 3,000 hombres en 1779, (Truslow Adams, op. cit., p. 149). "... y es la verdad que nosotros, los norteamericanos, estábamos muy hastiados de la lucha". (Truslow Adams,op. cit., p. 149). "Sin los franceses no habríamos podido conseguir nuestra independencia, como Washington y otros jefes lo admitieron en diversas ocasiones".(Truslow Adams,op. cit., p. 179).

"En esta coyuntura --escribe uin norteamericano refiriéndose al año 1776-- pocos dsabían por qué debían los hombres pelear por una idea tan obscura como la libertad. Aquellos que lo sabían, no podían encontrar las palabras para exlicárselo a la gente que realmente necesitaba saberlo... la gente simple y trabajadora de Norteamérica

"Todos, esto es, excepto un inglés desconocido que había llegado a Filadelfia a bordo de un barco infestado de gripe, hacía sólo cinco meses.

Y aquel inglés desconocido decidió escribir un libro, ün pequeño libro para explicar las cosas", para aclararle al pueblo de las Trece Colonias por qué debían luchar por su independencia y libertad. El pequeño libro titulado Sentido Común y publicado en enero de 1776, fué escrito por Tmáas Payne.

Los colonos ya habían embadurnado y pegado plumas a los recaudadores que trataban de imponer la ley conocida como "Stamp Act". Se habían negado a pagar el impuesto; habián denunciado la limitación de sus dewrechos rehusando siempore someterse al despotismo de la Monarquía Inglesa. Y en una mañana de abril demostraron su voluntad de ser libres en las aldeas de Lexington y Concord atacando a las tropas imperiales con plomo, cuchillos y utensilios de labranza. La Revolución libertadora estaba en marcha. Trece colonias, con 2,200,000 blancos libres, desafiabanm a la potencia económica y militar más fuerte de su época.

Derrota tras derrota cayó sobre el Ejército Libertador. Muchos temieron la soga que esperaba al rebelde derrotado. Las deserciones se producían día a día, y de un ejército de 11,000 hombres que tenía Jorge Washington en el verano de 1777, sólo quedó un grupo de 700 en retirada cuando llegó el invierno. Las arengas de Tomáas Payne sostenían la moral de los buenos: "Estos son los tiempos que ponen a prueba el corazón de los hombres... La tiranía, como el infierno, no se vence fácilmente... mientras más dura sea la lucha más glorioso será el triunfo... El cielo sabe como poner un precio justo a sus bienes; y sería extraño en verdad, si un artículo tan celestial como la LIBERTAD no fuera tasado altamente...". Y aquellos valerosos 700 hombres hicieron posible la conquista de la independencia y libertad de de Estados Unidos de hoy.

Igual que ayer

"La libertad hay que pagarla a su justo precio", ha dicho Pedro Albizu Campos. Como las Trece Colonias ayer, Puerto Rico se enfrenta hoy a la potencia militar más fuerte de la época en demanda de respeto a su independencia y libertad. Lo mismo que durante la lucha emancipadora norteamericana, existen hombres hoy en Puerto Rico que afirman que es poreferible mantener su país atado al imperio o que no está preparado todavía para asumir la responsabilidad de su libertad e independencia.

Esta mentalidad esclava es producto de la vida en el coloniaje, de la constante propaganda colonialista que desarrolla el imperio desde las escuelas, la prensa y demás instrumentos de publicidad, y es producto también de los sórdidos intereses coloniales que operan en el país sin ningún sentido de dignidad ni de respeto a la persona humana, los que se unen a las fuerzas opresivas imperiales en la nefasta apología de la esclavitud.

Pero existen también en Puerto Rico hombres que han decidido no legar a sus hijos una patria esclava, que no vivan éstos como ellos viven, bajo el oprobio de la tiranía extranjera. Los patriotas puertorriqueños están pagando por la libertad el mismo precio que abonaron los héroes de las Trece Colonias. Para ellos, como para los héroes de 1776, sólo existe la persecución, la cárcel, el destierro o la muerte. Para los traidores de hoy, como para los Benedict Arnold de entonces, se prodiga el oro envilecedor del soborno imperial. El estado que surgió a la libertad, de las Trece Colonias, pagando con la sangre de sus mejores hijos el precio de la independencia nacional, en lucha contra las fuerzas esclavizante, ha caído en el ejercicio de la esclavitud sobre otros pueblos, incluyendo a Puerto Rico. Estados Unidos es para Puerto Rico lo que fué antes el imperio británico para las Trece Colonias. ¿Podrá Puerto Rico, como aquéllas, alcanzar su libertad e independencia?

El Destino único

Nadie se atreve hoy a negar el derecho de Puerto Rico a la independencia, ni Estados Unidos que le impide por la fuerza su ejercicio. ¿Desea Puerto Rico la independencia? En un discurso pronunciado en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos el 12 de abril de 1928, el Comisionado Residente de Puerto Rico en Washington, Félix Córdova Dávila, dijo, refiriéndose a este asunto: "El ideal de la independencia ha sido siempre muy querido al pueblo puertorriqueño, y en realidad es el sentimiento que predomina en la isla". En marzo de 1944, el senador Tydings afirmó en el Senado de Estados Unidos: "Si al pueblo puertorriqueño se le da ocasión votará abrumadoramente por la independencia". En 1945, 66 de los 77 alcalodes coloniales de Puerto Rico enviaron un cable a un comité de audiencias del Senado norteamericano endosando un proyecto a favor de la independencia y declarando que lo hacían "de acuerdo con el sentimiento mayoritario del pueblo de Puerto Rico". La mayoría de la legislatura colonial envió otro cable al Senador Tydings, autor deel proyecto, manifestando: "Respaldamos completamente su proyecto de independencia...".

¿Quién se opone entoces a la independencia? Tydings lo explicó en el discurso de 1944 citado: "¿Cuál es el motivo de la oposición? El dinero, el egoismo, la codicia de unos pocos de este país que tienen allí inversiones y reciben hermosos dividendos de ellas". Agrega "Si los puertorriqueños votaran para decidir entre la independencia y otra cosa, el resultado sería una avalancha a favor de la independencia. Los políticos de allí lo saben y no quieren arriesgarse a eso". Declaró entonces el Senador Tydings: "Es mi opinión que sólo hay una solución al problema de Puerto Rico, y es ella la independencia completa, absoluta e incondicioanal de la Isla. No puede haber solución alguna al problema de Puerto Rico bajo nuestro sistema de gobierno que no sea un mero expediente. Hago estas declaraciones con palabras medidas".

¿Quienes dicen, entonces, que el pueblo de Puerto Rico no desea la independencia? Precisamente los interese creados imperiales y coloniales y los politiqueros cipayos que se oponen a la independencia mientras se sacían con el cuerpo martirizado del pueblo de Puerto Rico. Como se aprovechan de este estado de cosas, dicen que a Puerto Rico le conviene el actual sistema colonial bajo la intervención militar norteamericana.

¿Cómo liquidar la intervención? El Dr. Pedro Albizu Campos lo ha expresado así: "Para liquidar las relaciones presentes entre vEstados Unidos y Puerto Rico y colocarlas en el plano internacional de mutuo reconocimiento de soberanía y de independencia, Estados Unidos mismo tiene que estimular la Convención Constituyente inmediata de Puerto Rico, pues éste es el único medio que tiene una nación intervenida para crear los poderes públicos legítimos que puedan representarla y sin los cuales no es posible tratar con ella.

"Los precedentes de la Convención Constituyente Cubana(1901) y del tratado Hughes-Peynado en la República Dominicana, son casos idénticos al de Puerto Rico y precisamente originados bajo el mismo imperio norteamericano.

"En ambos casos Estados Unidos tuvo que ver con beneplácito la organización de los poderes legítimos nacionales de Cuba y de la República Dominicana para poder tratar con dichas naciones y regular sus relaciones con ellas de poder a poder, en pie de igualdad jurídica".

Agrega Albizu Campos: "La Convención Constituyente pueden hacerla los partidos políticos inmediatamente; pueden hacerla los ayuntamientos inmediatamente; puede celebrarse con legitimidad por otros procedimientos.

"Esa Convención Constituyente no es un acto de hostilidad contra Estados Unidos. Repetimos que ya Estados Unidos mismo paró y negoció dos convenciones constituyentes similares a la nuestra: la cubana y la de Santo Domingo.

"Tuvieron que hacer los norteamericanos eso para tener con quien tratar y liquidar su retirada de los territorios de esas nacines".

Ahora bien, ¿y si Estados Unidos insiste en cerrarle todo camino político, jurídico y diplomático a la nación de Puerto Rico en su reclamación de libertad e independencia?

Una actitud negativa así, adoptada por España antes de 1868, condujo a la Revolució de Lares que proclamó la República de Puerto Rico. Es decir, la violencia esclavizante del imperio provoca la violencia libertadora de los patriotas. Porque no existe un pueblo que se resigne a ser esclavo. En el mes de septiembre celebramos la sublevación de los puertorriqueños que hace 92 años prefirieron el riesgo de la muerte en la lucha redentora a la paz envilecedora del esclavo resignado.

En 1950 se produjo otra sublevación en Puerto Rico, esta vez debido a la provocación armada de Estados Unidos. Casi una semana luchó el movimiento libertador de Puerto Rico desarmado con el ejército más poderoso del mundo. Cico mil personas --niños, mujeres y hombres-- fueron lanzadas a prisión. Todavía hay muchos patriotas --hombres y mujeres-- en las cárceles imperiales --mi esposo entre ellos, a quién los ataques científicos con radiaciones le han provocado ataques al corazón y al cerebro, privándole del habla y paralizándole todo el lado derecho. Esta barbarie científica imperial se produce en Nuestra América, en el centro del hemisferio americano, en Las Antillas, en Puerto Rico.

Pero nada detendrá al pueblo de Puerto Rico que demanda respeto a su dignidad e independencia, así como nada detuvo a los puertorriqueños de 1868 y 1950. ¿Que Puerto Rico es pequeño? La dignidad de un hombre no se mide por su estatura, tampoco la de una nación. Cualquier Chipre o Argel puede tornarse en un Waterloo. Eso ya está probado

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