Pasión dominicana del Doctor Betances

Pasión dominicana del Doctor Betances ...
Paul Estrade
Universidad de París VIII


                 
Pasión dominicana del Doctor Betances
por la soberanía de la nación
y la libertad de los ciudadanos


La fórmula que estampó José Martí para designar a la patria - "Patria es agonía y deber"-, y que expresa la manera cómo el cubano universal sintió y fundó su patria, aquella insigne e inspirativa fórmula puede aplicarse perfectamente al puertorriqueño enhiesto y agónico que honramos en esta mañana.

"Agonía y deber" es sentimiento hondo, conciencia clara, dedicación constante, lucha abnegada, actuación sin descanso : en una palabra es pasión.

"Pasión por la Libertad", es el lema que hemos pegado, a propuesta del entrañable compañero, Dr. Félix Ojeda Reyes, al combate de Betances y de sus seguidores por la libertad de la patria boricua y antillana.

Pasión por la Libertad recoge, gracias al diligente Félix y al comprensivo director de las ediciones de la UPR, las ponencias que se leyeron en París, en septiembre de 1998, con motivo del centenario de la muerte del Dr. Betances en esa ciudad, y que estuvieron centradas en el independentismo puertorriqueño, de Betances a nuestros días’[1].

No les hablo más de este libro colectivo, cuya presentación tendrá lugar pasado mañana en la Biblioteca Carnegie del Viejo San Juan, sino para anunciarles que esta conferencia se coloca en la línea de reflexión que tuvimos en París. Allí, desde luego, se indagó ante todo la pasión puertorriqueña de Betances. Huelga decir, porque esto lo sabe bien cualquier estudiante de este recinto, que, sin extrapolación ni exageración, es lícito evocar y estudiar también, tratándose de “El Antillano” por antonomasia, su pasión çubana, su pasión dominicana, su pasión antillana, su pasión latinoamericana, su pasión francesa desde luego, para ceñirnos a la geografía, no al conjunto, de sus pasiones.

Si José de la Luz León y Emilio Godínez Sosa en el pasado, y ahora Félix Ojeda Reyes y Josefina Toledo Benedit, se han interesado en la pasión cubana de Betances; si en el pasado Carlos M. Rama, Andrés Mattei, Loída Figueroa, Ramón de Armas, Ada Suárez Díaz, Manuel Maldonado-Denis, y en el presente José Ferrer Canales y Félix Ojeda Reyes se han interesado en la pasión antillana de Betances, reconozcamos que su pasión latinoamericana ha sido poco estudiada, su pasión haitiana, menos todavía, y que su pasión dominicana, esbozada en 1989 por Jaime de Jesús Domínguez[2], merece ser encendida de nuevo para que irradie en una y otra orilla del canal de la Mona.

Es lo que voy a intentar ante Ustedes, sin pretender profundizar el análisis ni agotar el tema. El entendimiento correcto de la figura de Betances obliga a que se le devuelva al abolicionista de Mayagüez y gestor de Lares su dimensión continental y universal. Además, las circunstancias políticas que prevalecen hoy en la República Dominicana, unidas a una mayor presencia dominicana en esta Isla (de hombres, de productos, de ritmos y de costumbres), están propiciando condiciones para que se valore la labor de quien, según un periódico de Puerto Plata de 1884, era y sigue siendo un notable “portoriqueño dominicano”[3].

I - Defensor de la soberanía de la República Dominicana, frente al traidor Santana, frente al colonialismo español reactivado. [1861-1865].

Desde 1848, según sus propias y reiteradas declaraciones ulteriores, Betances entró en lucha para sacudir el poder colonial español, bregando a la par por la erradicación de la esclavitud negra y por la difusión de la solución independentista en su Isla, esté él en Tolosa o en París, en Cabo Rojo o en Mayagüez. En los años 50, Ia idea de la abolición empezó a prosperar, pero no tanto la de la independencia. Sin embargo, cuando se produjo la “reincorporación” de Santo Domingo al imperio español, en marzo de 1861, la conmoción se hizo sentir en Puerto Rico, desde donde el ejército se preparó para afianzar la reconquista, que sólo fue pacífica hasta mediados de 1863.

En carta de diciembre de 1883 al director de la Revista de las Antillas, que se publicaba en Madrid, Betances le revela que está trabajando por liberar a su país desde 35 años y por la libertad de Santo Domingo desde 22 años[4]. O sea, desde 1861, año primero de la “Reincorporación” de Santo Domingo a España como nueva provincia ultramarina al lado de Cuba y Puerto Rico. O sea, desde que, por traición del caudillo Pedro Santana, la República Dominicana dejara de existir por tercera vez en medio siglo como estado independiente.

Esta decisión de actuar desde Puerto Rico a favor de la restauración de la independencia de la República Dominicana puede explicarse por la estirpe dominicana de su rama paterna. Vieron la luz en el Santo Domingo español su abuelo Francisco Betances y su padre Felipe Betances, antes de verse obligados al exilio por los cambios de soberanía que sufrió a principios del siglo XIX la parte oriental de la antigua Hispaniola. Nieto e hijo de criollos dominicanos, Ramón Emeterio no es dominicano de nacimiento. Detalle ése que cobraría cierta importancia en 1884 cuando algunos amigos del doctor tratarían de sugerir su candidatura a la presidencia de la república, olvidados de la cláusula constitucional que reservaba ese derecho a los nacionales nativos. En aquel año de 1884, hacía dos años ya que Betances. dejando voluntariamente de ser tenido por súbdito español y nada deseoso de naturalizarse norteamericano, había optado por la ciudadanía dominicana.

Sus vínculos personales con la República Dominicana no son, por consiguiente, ni artificiales ni transitorios, pero pensamos que su compromiso con la suerte y el porvenir de la república obedece ante todo a un movimiento de solidaridad antillana. Ve en la reincorporación de Santo Domingo un retroceso histórico (una vuelta a 1808), una provocación, una consolidación del poder colonial en la región, un golpe contra quienes en Cuba y Puerto Rico sueñan con deshacerse de él. Pero en el acontecimiento el luchador ve también un reto, la ocasión de despertar en los puertorriqueños el sentimiento incipiente de la antillanía criolla y el deseo comprimido de la propia emancipación.

Ignoramos todavía las formas en que el médico caborrojeño manifestó su oposición a la reincorporación de Santo Domingo en 1861 y luego su ayuda a los restauradores a partir de 1863. Lo que sí se sabe es que conoció al padre Meriño y simpatizó con este patriota expulsado en 1861 ; y que en julio de 1864, al dirigirse a París, es designado por el General Militón Valverde para representar allí al Gobierno provisional dominicano[5]. Sabido es de todos que el dibujo y los colores de la bandera que ondeó por Lares en septiembre de 1868 - la bandera de Betances - se inspiran directamente en la dominicana

Se le han atribuido dos proclamas vehementes de fines de 1864. Entonces, como la guerra en el territorio dominicano diezmaba las tropas españolas, se utilizaba el territorio puertorriqueño para hospital de campaña de los heridos y enfermos, y para reclutamiento y entrenamiento de Voluntarios destinados a reforzar, en verdad a suplir, el ejército maltrecho. Las proclamas atribuidas a Betances, a la sazón desterrado y errante precisamente por sus ideas y actividades subversivas, se refieren a esa situación de emergencia y son un enérgico llamado a la deserción de los Voluntarios puertorriqueños. Se les insta a que, uniéndose a los restauradores, combatan a los militares españoles, mientras se aboga por que, uniéndose los dominicanos. los cubanos y los puertorriqueños, los antillanos unidos le den muerte al despotismo de la metrópoli.

“¡Abajo los españoles!”, lanza una de ellas, que da a los “jíbaros de Borinquen” la consigna de pasarse “al lado de nuestros hermanos de Santo Domingo, que nos recibirán con los brazos abiertos y nos colmarán de bendiciones”[6].

“¡Abajo los españoles!”, repite la otra lanzada no sólo a los Voluntarios movilizados sino a todos los puertorriqueños : “¡Arriba Puerto-riqueños! Hagámosle ver a esa canalla que nos roba y nos insulta, que los gíbaros de Borinquen no son ni cobardes con sus verdugos, ni asesinos con sus hermanos.~...] Nuestro grito de independencia será oído y apoyado por los amigos de la libertad y no nos faltarán auxilios de armas y dinero para hundir en el polvo a los déspotas de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo !

Sin que se produjese semejante alzamiento general, los patriotas dominicanos, en menos de dos años de guerrilla, recobraron por sí solos su independencia (1865). Pero la unión que había acabado por cuajar contra la dominación española, muy pronto se quebró, porque entre los “restauradores1’ los había que creían a sus compatriotas incapaces de autogobernarse y porque en los Estados Unidos el presidente Grant, sus ministros Fish y Seward y otros ardientes expansionistas, recién aureolados de gloria. creían llegada la hora de anexar alguna porción del Caribe insular, pues no disponían de ninguna islita ni siquiera del tamaño de vuestra Isla Nena. La joven República Dominicana, débil en sus entrañas, perturbada en su historia, hostigada en su frontera occidental, les pareció el territorio idóneo para seguir realizando hacia el istmo el “destino manifiesto” de la invicta nación multiestrellada.

II - Defensor de la integridad de la República Dominicana, frente al traidor Báez, frente al imperialismo de Grant, Blame & Cía. [1865-1879].

Pues, cerrado el paréntesis español y no bien instalado el gobierno de la república, empezaban las negociaciones entre William Seward y el caudillo Buenaventura Báez, un aficionado al poder supremo que alcanzó en seis oportunidades. En 1866. aceptó que por dos millones de dólares los EEUU dispusiesen libremente de una base naval en Sarnaná. José María Cabra!, su sucesor, no desmintió. A mediados de 1868. vuelto de nuevo a la presidencia, Báez hizo saber que no había cambiado de parecer y que, contra millón y medio de dólares y un barco de armas, estaba listo para concluir el contrato de la cesión de la bahía y de la península de Samaná.

A la verdad, tanto Grant y sus representantes como Báez y sus adláteres cifraban sus esperanzas en un nivel más alto de cooperación la anexión pura y llana de toda la República Dominicana a los Estados Unidos. Las discusiones al respecto no sufrieron mucha demora. El 29 de noviembre de 1869, el tratado de anexión es firmado en Santo Domingo por los plenipotenciarios de ambos Estados. Dos cláusulas condicionaban su ratificación que el país por anexar apruebe primero la anexión por referendo y que el senado norteamericano dé luego su visto bueno.

El referendo no planteó dificultad a los baecistas, porque en una mitad de! país no hubo votación, puesto que estaba en guerra abierta contra el abandono de la soberanía, y porque en la otra mitad que ellos controlaban el fraude lo resolvió todo a cabalidad[8]. Ahora el senado norteamericano, al que se suponía dócil, pidió que una comisión viajara al país antes de decidirse. En julio de 1871, a la vuelta de los comisionados y contra la opinión de éstos, no se ratificó el tratado por carencia de mayoría.[9]

Había fracasado el proyecto, pero no la intención profunda. Las intrigas y las maniobras de los dos bandos anexionistas reaparecieron pronto. En efecto, los negociadores del fallido tratado, más previsores de lo que pudiera imaginar cualquier abogado taimado, habían convenido en su artículo X que “en caso de que este Tratado sea rechazado, los Estados Unidos de América tendrán derecho a adquirir la Península y Bahía de Samaná, en cualquier tiempo antes de fenecido el término de cincuenta años, pagando a la República Dominicana dos millones de peso en oro, cuño de los Estados Unidos"[10].

En virtud de cuya disposición rara, el ministro de Relaciones Exteriores del presidente Báez firmaba al año siguiente un contrato de arrendamiento de dichas península y bahía con la “Samaná Bay Company of Santo Domingo”, para explotar las tierras, aguas y vías de comunicación de la zona durante 99 años. El convenio fue plebiscitado por aplastante mayoría el 19 de febrero de 1873 [11].

Hemos hecho ese rápido recorrido por la historia dominicana –sabiendo de sobra cuán poco se alude al tema en la historia académica de las relaciones interamericanas–, para que entendamos las reacciones para que entendamos las reacciones de nuestro “porto-riqueño dominicano”. Le hemos dejado lleno de indignación a fines de 1864 cuando el ejército español intentaba someter a los dominicanos mediante voluntarios puertorriqueños. Y le volvemos a encontrar lleno de fe en el futuro, a mediados de 1865, cuando regresa del destierro, saboreando la derrota española en Santo Domingo, la derrota francesa en México, la derrota de los esclavistas sureños, y pronto la constitución en Nueva York de la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico.

El tercer exilio que sufre por sus ideas independentistas, le lleva en septiembre de 1867 a la vecina República Dominicana. Pero allí, Báez logra expulsarle para complacer al Cónsul español y quitarse de por medio a un hombre que ya ha expresado la idea de una Confederación Antillana para asegurar la independencia absoluta de tas tres Antillas, y ha lanzado la voz de alerta contra el “minotauro americano”. “El Antillano”, perseguido, tiene que moverse por el Caribe. En Santórnas, en Jacmel, o en Nueva York, mueve a su vez a los políticos y a los periodistas a que se den cuenta del peligro. Desde esta ciudad (presumiblernente), en 1870 (posiblemente). contesta al General Luperón que se ha erguido contra el entreguismo visceral de Báez

“Ya están los americanos en Samaná, me dice Vd. y es cierto. No puede figurarse el dolor que me causa este hecho tan fatal para la realización del gran proyecto de “confederación” que haría de todas nuestras islas una gran Nación respetada entre todas, y que la salvaría de la anarquía en que se consumen. Pero, amigo mío, todo no está aún perdido. Aquí se ha trabajado mucho, y el proyecto de Báez puede muy bien fracasar. Delmonte, Ventura y yo hemos publicado cuanto se ha podido para estorbar la indigna negociación”.[12]

Desde Jacrnel, en 1871, le escribe a Hostos : “Grant siempre quiere a Santo Domingo y ése es el peligro” [13].

Tres años después, desde París adonde le había conducido el camino del destierro definitivo. Betances escribiría en el folleto Cuba, para disuadir a los cubanos que se dejasen seducir por el espejismo de la anexión, que debían acordarse en permanencia del experimento doloroso de Santo Domingo:

“La república gozaba en 1860 de un estado de paz completa y de prosperidad relativa, cuando el general Santana, por salvarla de las manos rapaces de Báez, creyó asegurar su porvenir anexándola a España. Los dominicanos se levantaron en masa y echaron al mar a los españoles. Entregados a Báez, este cínico especulador los puso en venta en los Estados Unidos ; y la guerra civil ha durado mientras se ha sostenido el traidor en el poder, negociando a Samaná. Tal es la verdadera causa –medítenla los anexionistas–, de la postración de la República Dominicana tan enérgicamente pronunciada contra “el español que oprime” como contra “el yankee que suprime”.[14]

Al tiempo que escribía estas líneas, las fuerzas de una coalición antibaecista arrojaban del país al “traidor” y “especulador”. El primer acto significativo del nuevo mandatario (González) fue la anulación, por impago, del contrato con la “Samaná Bay Company”. En El Americano de París, “El Antillano” saludó la oportuna decisión y la comentó en estos términos:

“El pueblo dominicano afirma definitivamente su nacionalidad, y puede decirse que el nuevo presidente no ha hecho más que obedecer al impulso general, al tomar la medida hasta hoy más importante de su administración y que en tan alto grado te honra esto es la anulación del convenio de Samaná, acto que no dejará de excitar en toda la América latina la más ardiente simpatía en favor de! gobierno nacional de Santo Domingo.~...] Es de suponer que el presidente González ocupará eficaz y patrióticamente el tiempo de su administración en organizar, en toda su fuerza, al partido nacional y en reparar los males causados al pueblo dominicano por las ideas anexionistas que desde 1861 han llamado sobre la república todos los males de la guerra emprendida y felizmente terminada contra la ocupación española; todas las desgracias de la revolución iniciada después contra Cabral. que pretendía ceder a Sarnaná, por Báez que explotó entonces el sentimiento nacional ; y todos los dolores de la incansable lucha de seis años que han sostenido hasta derrocar a este nefando especulador, el mismo Cabra! arrepentido. el general Pimentel y el ardiente patriota antillano, general Luperón”.[15]

Desgraciadamente el “traidor”, que sabía arrastrar a la masa campesina y analfabeta del sur, volvia a apoderarse de las riendas del gobierno a fines de 1876. Inició en seguida nuevas gestiones acerca del gobierno norteamericano para tratar de conseguir lo de siempre la anexión. La negativa de Washington dio al traste con el proyecto y la revolución nacionalista encabezada por Luperón dio al traste con su poder despótico a principios de 1879. Desde 1875, en las columnas de Le XIXo Siècle, “El Antillano”, al reseñar cada mes los vaivenes de la azarosa vida política dominicana, no dejó de poner en la picota a ese odiado “Báez que quiso vender su país a los yanquis y facilitarles la entrada a las Antillas por Samaná”[16]. De 1869 a 1879 no hubo en la República Dominicana pérdida momentánea o riesgo de pérdida irrecuperable de la soberanía que él no denunciara inmediatamente.

111 - Promotor dcl progreso de la República Dominicana en la era de los “azules”.

La eliminación de Báez trajo al poder a los “azules” bajo el liderazgo de Luperón. Dirigieron el país por veinte años (1879-99), aunque. de hecho, sólo merece el apelativo de “era azul” la que corre hasta 1887. Son ocho escasos años en los que funciona, comparadamente con los años anteriores y posteriores, cierta democracia, a la vez representativa y presidencialista. En lo que atañe a las relaciones con E-~EUU, prevalece entonces una política de firmeza cortés. Corresponde con los mandatos constitucionales de los presidentes Gregorio Luperón, Fernando Arturo de Meriño, Ulises Heureaux, Francisco Gregorio Billini, Alejandro Woss y Gil. El régimen es más bien civilista, pese al alto rango militar que ostentan casi todos, con la salvedad del padre Meriño. El General Heureaux es electo por segunda vez - bastante fraudulentamente - a principios de 1887. No tarda en ejercer el poder de manera autoritaria, absoluta y finalmente tiránica, prolongándose su dictadura hasta su asesinato en 1899.

A Ramón E. Betances se le puede tener por un afanoso, eficiente y responsable copartícipe de los gobiernos azules. Fue amigo, compadre y confidente de casi todas las grandes figuras. Hizo de secretario personal a Luperón cuanto éste desempeñaba misiones extraordinarias en Europa. Fungió de secretario de la Legación Dominicana en París y de Encargado de Negocios en Londres y Berna[17] entre 1881 y 1887. Viajó por cuarta y postrera vez a Santo Domingo en febrero-marzo de 1883[18]

Muy involucrado estuvo, como agente diplomático y como individuo y ciudadano, en varios proyectos, fracasados muchos pero encaminados todos a mejorar la situación económica de la República, desmantelada y decaída por decenios de guerras fronterizas e intestinas encaminados todos a restaurar fuera su crédito y su imagen a fortalecer la paz interior a apuntalar sus estructuras ; a desarrollar sus producciones a modernizar su red de comunicaciones a atraer los capitales, las máquinas y los emigrantes europeos en una palabra, a hacer de ella en el Caribe insular una república de “paz, progreso y libertad” que en esa parte amenazada de la América Latina, represente un polo de atracción, un modelo de referencia, y una base sólida para apoyar a Cuba y Puerto Rico en su venidera guerra emancipadora y para construir la indispensable Confederación Antillana.

Concretamente, debe ser conocida y reconocida su contribución al desarrollo de la República Dominicana en tres sectores. Primero, en el sector de las comunicaciones internacionales ( nuevas líneas europeas[19] de vapores, cable submarino, telégrafo). Segundo, en el sector de la agricultura (introducción experimental de nuevas plantas, corno el ramié, de posible explotación industrial gracias a su fibra, envío de colonos europeos). Tercero, en el sector de la educación y la cultura (apoyo a varias iniciativas, acopio de palabras y giros idiomáticos dominicanos, rescate de documentos históricos, valoración de notables figuras nacionales como las de Luperón y Meriño) ; eso ocurría en la época en que el Maestro Hostos organizaba la Escuela Normal y en la que se ponía en práctica entre el campesinado dominicano la idea martiana muy novedosa de los “maestros ambulantes”.

Detallemos dos aspectos de su acción en pro de ese programa de corte liberal-progresista a la par que nacionalista.

A fines de 1882 y principios de 1883, se empeñó en sostener personalmente el proyecto de creación del Banco Nacional de Santo Domingo. l~stando en esta ciudad mantuvo una polémica en El Eco de la Opinión con Mariano Cestero. ¿ De qué se trataba? ¿ Qué conceptos defendía Betances ? La República Dominicana carecía de un sistema bancario digno de este nombre. El resultado era una escasez de dinero, perj udicable tanto para el comercio como para las inversiones. Y el dinero prestado era carísimo. En vista a ello, Luperón concertó en París con el francés Auguste Blondot la creación de un banco capacitado para resolver esos problemas y para emitir papel moneda. Sometió a Ja deliberación de los diputados dominicanos el proyecto que en la prensa fue objeto de ataques porque instauraba un “monopolio’. Lo defendió Betances con su habitual dialéctica e ironía, explicando que “es de esperarse que el pueblo dominicano y su gobierno preferirán el ‘privilegio’ de conseguir capital para sus trabajos con medio por ciento de interés mensual, a la ‘libertad’ de pagar 100 y 120 por ciento anual a las juntas, que llevan el Estado a la ruina, el partido a la deshonra y el pueblo entero a la desmoralización”[20].

Lamentablemente, más que la retórica de los opositores al Banco Nacional, las vacilaciones, y al cabo de un año. la negativa de los capitalistas europeos. envueltos en una crisis financiera, hicieron que el Banco sucumbiera antes de ser aprobado. Pero en 1889, en otras formas y circunstancias, acabó por constituirse con atribuciones bastante parecidas.

Mientras iba argumentando a favor de un Banco Nacional, Betances emprendía otra batalla, aparentemente más personal, pero en realidad de propósitos tan elevados. Al proponer. en asociación con el capitalista francés Féréol Silvie, la construcción de un puerto franco en la bahía de Samaná, y al solicitar del Estado dominicano que se les otorgara a ambos la debida concesión, el doctor Betances, tan enamorado y celoso de esa preciosa bahía, trataba de dar inicio, con un acto fundador meditado, a un plan general ambicioso[21].

Aquel plan económico y político está resumido en una carta que le hizo en diciembre de 1882 a su amiga de Mayagüez, la poetisa y patriota Lola Rodríguez de Tió:

“Salvar la República Dominicana de la garra yankee e introducir en las Antillas una industria que les dé prosperidad y por consiguiente deseos de progreso, son empresas dignas de ocupar la vida del hombre”[22].

Dentro de ese plan general cabía en concreto el proyecto de instalación, allí donde no se levantaba nada, del puerto franco y de la ciudad de San Lorenzo en la parte sur de la Bahía de Samaná, protegidos del Atlántico y relacionables con las tierras de adentro. La idea era aprovechar al máximo el aumento considerable del tráfico marítimo entre Europa y América. y entre las dos Américas, que acarrearía la futura apertura de! canal de Panamá, cuyas obras habían empezado recientemente (1881) por cuenta de una empresa francesa. “Distante cerca de 12 días de navegación (por vapor) de Europa, cinco a seis días de Nueva York y cuatro días de Panamá, amaná] está colocada en el paso de todo navío que se dirija al Canal’[23]. De modo que era conveniente que la república se preparase para beneficiarse de la situación privilegiada de su bahía en el futuro crucero del mundo. La existencia de un puerto franco idóneo atraería los buques mercantes, engendraría una enorme actividad portuaria, haría de San Lorenzo un centro dinámico de importaciones y exportaciones. Porque la idea de Betances era que la creación de dicho puerto estimularía la extracción de carbón y otros productos del subsuelo, a la vez que la producción agrícola y agro-industrial de las tierras aledañas (azúcar de caña, cacao, coco, tabaco, ramié, etc.).

En marzo de 1883, Betances y su socio Silvie entregaban juntos el proyecto y una proposición de convenio. A los dos meses la concesión de fundación y explotación de! puerto franco de San Lorenzo les era otorgada por las autoridades dominicanas (parlamento. presidencia)[24]. El Estado les dio facilidades pero ningún dinero, que no lo tenía. Mientras Silvie se esforzaba por conseguirlo en Londres, Betances emprendía en Francia una campaña de propaganda para interesar tanto a empresarios corno a emigrantes, alabando las ventajas de todo tipo brindadas por el futuro Puerto de las Perlas (nuevo nombre que le dada al puerto de San Lorenzo) y por la feracidad de las tierras de la zona. No fue hasta agosto de 1884 cuando se embarcó desde Saint Nazaire para Sarnaná el primer grupito de colonos franceses. Al saludar a esos pioneros, el doctor notaba que “muchos patriotas dominicanos –entre quienes él figura por supuesto– se han ocupado en crear en la misma bahía de Samaná, aquellos intereses internacionales que la hagan inacesible a los apetitos anglo-sajones, y que aseguren para siempre su independencia”[25].

En un contexto internacional desfavorable fracasaron las gestiones financieras de Silvie, rompieron sus relaciones Silvie y Betances, quedó disuelta la sociedad, no se construyó el puerto franco, pero si el proyecto no hizo progresar mucho al país, permitió que la codiciada bahía no cayera en manos de los Estados Unidos, que era el otro fin claramente perseguido por Betances con tamaña empresa.

IV - Propagandista de los derechos humanos, contra el régimen tiránico de Lilís. 1887-1898.

La pasión que mantuvo, entre 1861 y 1887, en la lucha por la independencia absoluta de la República Dominicana, no le obcecó. Comprendió que a veces fuera menester que se acudiera al pronunciamiento armado para asegurarla y que, previamente, se aplastara a los “rojos” baecistas, quintaesencia del anexionismo y del españolismo. Por tanto se alistó. Se incorporó a los “azules”, se identificó con los “azules”, ostentó con orgullo en París la representación del partido de Luperón, Heureaux, Meriño. et al, detentor democrático del poder político. Al renunciar, por motivos personales. a su cargo diplomático en París en 1884, aseveró al presidente de la república que tenía la satisfacción de haberse sujetado al programa que se había trazado “desde la llegada del partido al poder : 10/ trabajar en beneficio del país - 2o/ en bien del partido -3o/ en provecho de los hombres del partido”.[26]

Hombre de partido, disciplinado pero lúcido y libre, Betances advierte desde su observatorio las debilidades del partido e interviene, diplomáticamente, para que las mismas se subsanen. Ante la tendencia al pensamiento único –la del caudillo que lleva la voz cantante– y ante la tendencia a la expresión unívoca, pide el reconocimiento de “los diferentes matices de esa familia” ; pero ante el peligro de enfrentamiento entre personalidades ambiciosas, aboga por la unión y la armonía entre esos “matices”. Ante la persistencia de formas caudillescas en la organización social, simbolizadas y eternizadas por los “partidos” rojo (Báez), azul (Luperón) y verde (González) - formas arcaicas, predemocráticas y hasta antidemocráticas -. se atreve a sugerir su reemplazo por la creación de dos partidos políticos a tono con la época : el conservador y el progresista, a tos que llama también “liberal” y “radical”.[27]

Por dudosa que resulte la regularidad de algunas votaciones, Betances prefiere que se designe al presidente por elección y no por aclamación. Aunque hubiese preferido que las elecciones presidenciales se verificasen cada 4 años, en lugar de cada 2 años, y que Luperón presentase de nuevo su candidatura para unificar a los azules y garantir la paz y el progreso, consideró globalmente positivo el sistema político dominicano imperante entre 1879 y 1886. Pero cuando Heureaux, apodado “Lilís”, que no tenía los escrúpulos de Luperón aunque sí su confianza todavía, volvió a la presidencia a principios de 1887, su “taíta” Betances[28] salió de su reserva y, prudente pero intencionadamente, “El Antillano” escribió en La Revue Diplornatique:

“Las declaraciones del general Heureaux, por lo general vagas y banales, Se sitúan en el marco de dos promesas expresadas muy formalmente : la primera. ‘restablecer el principio de autoridad’, la segunda ‘mantener intacto el principio de autoridad’.

“Es digno de príncipes, como diría Montesquieu, que se le recuerde a los pueblos los beneficios de la autoridad, pero es todavía mejor que los pueblos les recuerden a los príncipes los beneficios de la libertad. “No me arriesgo mucho si adopto el consejo de Montesquieu”.[29]

Todo el artículo es un llamamiento firme y fino a la vigilancia, y a que en un estado de derecho se respeten las minorías y las libertades.

Algunos meses después, en desacuerdo con la desastrosa gestión de la deuda externa, y ahora convencido de que el autoritarismo de Lilís conduce a la tiranía, Betances dimite por segunda vez de su cargo diplomático en París.[30] Ada Suárez Díaz estima que a partir de entonces, decepcionado, divorciado de Heureaux y privado de diálogo con la República Dominicana, “Betances canalizará sus energías en otra dirección la investigación científica”.[31]

No está completamente fundada esa apreciación. Y si bien, de 1887 a 1892, el “Docteur Bétancés” redacta algunos de sus más conocidos trabajos de investigación, experimentación y divulgación médica, no es hombre que le dé la espalda a la República Dominicana, so pretexto de que allí andarían mal las cosas. “Esa patria definitivamente es la mía”. había escrito a Bonó en marzo de 1 885 [32], no en balde. La nación vuelve a tambalear: “¿somos país o nación?” preguntaba entonces Federico Henríquez y Carvajal en El Mensajero de Santo Domingo, obligado pronto a acallar sus críticas. Más atrevido. Betances convida a los dominicanos a luchar por el ejercicio pleno de sus libertades ciudadanas, conculcadas por quien se ha convertido en érnulo de Tiberio, en lúgubre imitador del general haitiano Salomon.

Bajo su firma, con pluma digna del ecuatoriano Montalvo, irá repitiendo. y demostrando con nuevos hechos contundentes a medida que irrumpan, que impera en la República Dominicana, “un régimen de opresión” bajo “la dictadura del general Heureaux” (Revue Diplomatique, 2 de marzo de 1889) ; que “el minúsculo presidente de Santo Domingo, aunque no tenga el nombre, se comporta como todo un tirano” (Idem. 16 de marzo de 1889) ; que “la paz varsoviana reina en el país. Los destierros, las prisiones y los asesinatos lo atestiguan” (Idem. 23 de marzo de 1889) que “el general Heureaux, al vender concesiones. pisotea los derechos del pueblo, al confiar a extranjeros la administración de las finanzas, viola la Constitución. y al actuar corno dictador de hecho, está fuera de la ley” ~Ibidem) que “nunca ha habido tantos asesinatos como hoy; se violentan las propiedades; se encarcela o se expulsa a los ciudadanos ; la seguridad es nula y el mismo presidente Heureaux juzga oportuno el construir una casa dentro del fortín de Santiago” (Idem, 20 de mayo de I 889) [33], etc.

En 1893-94, no ceja en sus ataques contra Luís, aunque está aproximándose la reanudación de la guerra independentista en Cuba y va preparándose a ella el “puertorriqueño cubano”. La represión arrecia en la República Dominicana. A la desgracia del pueblo mísero y escarnecido, ya desprovisto del derecho a votar, se añade de nuevo la perspectiva de una intervención extranjera, en las finanzas o en Samaná. El traslado de la enorme deuda dominicana contraída por el dictador, de casas bancarias europeas a casas bancarias norteamericanas, acrecienta el peligro que se cierne sobre lo que queda de soberanía nacional.

El cuadro se ha vuelto horrendo[34]. A Hostos, a quien Luís ha echado del país, Betances resume la situación: “En España la corrupción entre hombres políticos es tan grande como en Venezuela; en Venezuela más que en Colombia. en Colombia más que en la Argentina, en la Argentina más que en Santo Domingo, y en Santo Domingo más que en la podredumbre”.[35]

Brotan del sosegado y suave anciano unas catalinarias inauditas, tanto le indignan tantos atropellos contra la democracia en una tierra que esperaba que fuera un modelo atractivo en las Antillas. Arremete contra “Luis, el sanguinario negus dominicano, el mandarIn grosero, de catadura siniestra, (que) se alaba de que posee en la República Dominicana poder más absoluto que el del Czar en el imperio moscovita”.[36] Denuncia la corrupción, el servilismo, la arbitrariedad y el terror de su régimen. En otro artículo tan mordaz y gráfico corno el anterior, expone que “el rey de la Orgía y de los Compañeros” “tiene una Cámara de Diputados con los brazos cruzados sobre el pecho y el espinazo doblado. Dan la señal de aprobación y mueven la cabeza inclinándola, cuando les da un puntapié. En los tribunales, tiene a los jueces entrenados, para que salten... ¡upa!...por encima de la ley tan pronto como él mueva su batuta; [...]manda a gobernadores insignificantes de provincia que cometen las mismas atrocidades que él, rechinan los dientes y mordisquean al pueblo en honor al amo”. Y añade : “Mientras tanto, adule al Papa pero ofrece todos sus sentidos al diablo, entrega su país a los Yanquis herejes, y por algunos centavos, vende el alma de todo un pueblo católico y romano”.[37]

Menudean las víctimas de ese régimen tiránico. Betances se hace el portavoz de una de ellas : el capitán francés Boirnare, instalado como colono en la península de Samaná, dueño de una plantación de cacao y de una fábrica de jabón. Su prosperidad irritó al Presidente que vio en él al competidor de un compinche. Es encarcelado, torturado, arruinado, despojado de sus bienes. Desde Paris, Betances defiende sus derechos y su honor. Trata de conseguir que se alce una protesta contra el “tirano todopoderoso” que, no contento con destruir al infeliz ha insultado a Francia.[38] El asesinato, luego, del ex-agente consular francés Caccavelli, le ofrece una nueva tribuna para fustigar con la mayor viveza al “pequeño tirano dominicano”.[39]

A poco, con el Grito de Baire, estalla la guerra en Cuba y el viejo doctor, pese a sus achaques, empieza de nuevo, corno si nada, su combate interrumpido por la independencia absoluta de las Antillas. En junio de 1897, le llega, en medio de las innumerables tareas revolucionarias que le han sido confiadas, la noticia de la muerte de su admirado Luperón, sobre quien descansaban las esperanzas de los demócratas dominicanos para acabar con la tiranía, y a quien Hostos había pedido que encabezara una expedición destinada a restablecer el orden democrático en la república subyugada. El viejo revolucionario tiene a bien saludar en la prensa que le sigue adicta al amigo negro caído : “sus esfuerzos a favor del progreso. su patriotismo incontestable y su amor por la libertad”.[40]

Ese amor era también el suyo. Vivía en ambos la ¡Pasión por la Libertad! Hasta la hora de la muerte. José Martí. el cubano, que ya había caído por la Libertad en la manigua oriental, había dado, en vísperas del inicio de Ea guerra de Independencia, esta definición justa y sensible de Betances: “Son pocos los hombres en quienes, como en él, el pensamiento va acompañado de la acción, la superioridad del desinterés, y el mérito extraordinario de la mansa modestia”.[41] La pasión, infinita e innegable, del doctor Betances por la soberanía y el progreso de la nación dominicana y por las libertades de los dominicanos, sus compatriotas antillanos mortificados, confirma aquel juicio.

Notas



[1] - Pasión por la Libertad. San Juan. Ed. de la UPR e Instituto del Caribe, 1999. 207 p. Bajo la dirección de Félix Ojeda Reyes y Paul Estrade.
[2] - J.de J. Domínguez presentó una ponencia sobre “Ramón Emeterio Betances y la República Dominicana” en el primer coloquio internacional sobre Betances, organizado por la UPR en abril de 1989 en este recinto de Río Piedras. En el mismo, donde tuve el privilegio de ser invitado, hablé personalmente de su latinoamericanismo. Es de lamentar que no se hayan publicado las actas de aquel encuentro.
[3]- “Un portoriqueño dominicano”, artículo anónimo en El Propagandista, Puerto Plata, 6 de noviembre de 1884.
[4]- Carta de Betances a Francisco Cepeda, Paris, 7 de diciembre de 1883. medita. EEC, Col. Giusti, folios 85-87.
[5] -Según un documento oficial, conservado en el AGN en Santo Domingo, mencionado por el historiador Jaime de Jesús Domínguez en su ponencia de abril de 1989 (véase nota n?2).
[6] - Abajo los españoles !“, proclama sin firma que circuló en Puerto Rico a fines de 1884, recogida por José Pérez Mons y Luis Cueto, Historia de la insurrección de Lares, reedición, Río Piedras, Edil, 1975. p.282. Ada Suárez Díaz escribe en su biografía de El Antillano que “algunos’ le han atribuido a Betances dicha proclama.
[7]- “¡Abajo los españoles!”, proclarna sin firma procedente de Nueva York que circuló en Mayagüez en noviembre de 1864. hallada entre los papeles del Capitán General de Puerto Rico. Archivo central del Servicio Histórico Militar, Madrid, Puerto Rico, Capitanía General, caja 26 - 5153. La atribuimos a Betances, como la anterior, por la tonalidad, la argumentación y los objetivos enarbolados.
[8] - El referendo tuvo lugar el 19 de febrero de 1870. Se convirtió en plebiscito. Entre los 16 000 votos emitidos sólo hubo 11 opositores a la anexión. Señalemos que más de las 2/3 de la población no fueron a las urnas.
[9] Hacía falta una mayoría de las 2/3 de tos senadores : 28 votaron en pro de la anexión y 28 en contra. Así se rechazó la anexión. Es conocido el papel desempeñado en esa pelea por el senador Ch. Summer para contrarrestar el plan urdido por los anexionistas.
[10] - El texto completo del Tratado, en su Versión española, está en: Hugo Tolentino Dipp. Gregorio está en: Hugo Tolentino Dipp. Gregorio Luperón, biografla política. La Habana, Casa de las Américas, 1979, pp.200-202, y el artículo citado en esta última página.
[11]- La votación fue casi parecida a la que se había verificado tres años antes : 20 946 votos en favor, 19 en contra (cifras oficiales).
[12] - Carta de Betances al General Gregorio Luperón, sin lugar ni fecha. Tomada de la recopilación de Manuel Rodríguez Objío por Godínez y Dula, y publicada por ellos en Ramón Emeterio Betances, La Habana, Casa de las Américas, 1983, p.85.
[13] - Carta de Betances a Hostos, Jacmel. 1? de abril de 1871. En Manuel Guzmán Rodríguez, p.5.
[14] - Cuba, París, Tip. Lahure, 1874, cuyo texto se reproduce en Ramón Emeterio Betances, op.cit., p.148.
[15] - ‘Correspondencia” de EE Antillano, supuestamente desde Saint-Thomas. E/Americano, París, 30 de mayo de 1 874. No está en ninguna antología de Betances.
[16]- “Crónicas de las Antillas”, por E! Antillano. LeXIX? Siècle, París, 25 de septiembre de 1875. Reproducidas en Léone Goldstein. Les écrits de Betances dans Le XIX: Siècle (1875-1878,,). Saint-Denis, HAL-I, 1986 y traducidas al español a partir de esta fuente por Yolanda González en Exégesis, n. 32,Humacao, UPR, 1998, 53.
[17] - En Londres, estuvo poco, en Berna, nunca: únicamente por falta de medios.
[18] - Tuvieron lugar sus viajes anteriores en 1863 (se supone). 1867-68 y 1875.
[19]- El banquero francés Péreire solía decir que la línea que llegaba a Puerto Plata era la de Betances, ya que a las gestiones de éste se debía.
[20] - “El Banco”, artículo de R.E.Betances en El Eco de la Opinión, Santo Domingo, 27 de febrero de 1883.
[21]- Desarrollamos el tema en “El puerto franco de San Lorenzo en la bahía de Samaná: el pian ambicioso de Betances”, que es el título de la ponencia que leímos en el coloquio internacional sobre los puertos del Caribe, organizado por el GREC y verificado en la Universidad de Pau en marzo de 2000. Las actas saldrán en 2001.
[22] - Carta de Betances a Lola Rodríguez de. Tió. Inédita. Archivo de la familia Tió depositado en la Universidad Interamericana, Recinto de San Germán. Pero allí Félix Ojeda Reyes no la encontró. Utilizamos la versión de Carlos M. Rama, Las Antillas para los Antillanos, San Juan, 1CP, 1975, pp. 102-103.
[23] - “Samaná, puerto franco’, artículo anónimo que ofrece todas las características de un escrito betanciano destinado a preparar la opinión, El Eco de la Opinión, Santo Domingo, 9 de febrero de 1 883.
[24] - La mayor parte de las piezas del expediente han sido reunidas por Emilio Rodríguez Dernorizi en Sanianá, pasadoyporvenir, Ciudad Trujillo. Ed. Montalvo, 1945.
[25] - “Los franceses en el extranjero. Una colonia en la bahía de Samaná”, Europa y América, París. 15 de septiembre de 1 884.
[26] - Carta de Betances al Gral U. Heureaux, París, 22 de enero de 1 884. Inédita. IEC, Col. Giusti, folios 147-48.
[27] - Carta de Betances a J. Castellanos. París, 3 de junio de 1884. Idem, folio 297. Le dice textualmente: “Estoy deplorando la división del partido en las elecciones. De la división a la subdivisión no hay más que un paso.[...] En cuanto empiecen las banderías a remplazar la bandera de la unión todo estará perdido. [...1 En mi concepto una sola ventaja podría obtenerse en esta situación, que sería la de sacar de la confusión dos partidos legales –el liberal y el radical– borrando para siempre los antiguos nombres de verde, rojo y azul”.
[28] - Así, en calidad de “taíta”, Betances firmaba, aún en 1 884, sus cartas al “muy querido amigo y nieto”(General Ulises Heureaux, cuyo nombre, mal pronunciado, había dado origen a su apodo de Luís, de empleo generalizado).
[29] - “République Doininicaine”, La Revue Diplo~natique, París, 19 de febrero de 1887, p.6. Texto recogido por Lineda Soundron en su Memoria de Maestría (Saint-Denis, Universidad de París VIiI, 1992) y traducido al español por Wanda Arrufat Márquez (Maestría en traducción. UPR. 1998)c, uya versión (pp.2-3 citamos aquí.
[30] - Según consta en una rectificación que mandó al Nouveau Monde, París, dimitió el 4 de septiembre de 1887.
[31] - Ada Suárez Díaz. E/Antillano. Biograjia del doctor Ramón Emeterio Betances (l827-J89~. San Juan, Centro de estudios avanzados de Puerto Rico y el Caribe, 1988. p.224.
[32] - Carta de Betances a Pedro F. Bonó, París, 31 de marzo de 1885. En Carlos lvi. Rama. Las Antillas para los Antillanos. San Juan, 1CP, 1975. p. 4.
[33] - Las citas de Betances, originariamente en francés, proceden de la versión manuscrita de la Maestría de Wanda Arru fat, arriba señalada en la nota n?1 8.
[34]- Un compendio de las exacciones y un análisis serio del sistema pueden leerse en Mu-Kien A. Sang. Ulises Heureaux, Biografía de un dictador. Santo Domingo. Ed. Corripio, 1987.
[35]- Carta de Betances a Eugenio M. de Hostos, París, Enero 1893. En Ramón Emeterio Betances, op.cit.. p.260.
[36]- “S. Exc. le Général Don Ulysse Heureaux”, Revue Diplomatique, París, 26 de noviembre de 1893. En traducción al español, en Carlos M. Rama, Op. Cit., p.5.
[37]- “Le Général Ulysse Heureaux, Président de la République Dom inicaine”, Revue Diplomatique, Paris, 5 de agosto de 1894. En traducción al español, en Wanda Arrufat, manuscrito citado, p.95. Firmado por: DREB.
[38] - “Le capitaine Boirnare”, Le Moniteur des Consulats, París, 22 de octubre de 1 894. En traducción al español, en Wanda Arrufat, manuscrito citado, pp.99-103. Igualmente firmado por: DREB.
[39]- “République Dominicaine”, Revue Di»lomatique, París, 25 de octubre de 1 894. En traducción al español, en Wanda Arrufat, manuscrito citado, pp.104-106.
[40]- “Mort du Général Luperon, ancien Président de la République dom inicaine”, Revue Diplomatique,
[27] de junio de 1897. El suelto está firmado por “Bétancès” a secas.
[41] - Patria, Nueva York, 3 de septiembre de 1892. En José Martí. Obras C’ompletas. La Habana. ENC, 1963-73. Vol.V, p.402.
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