Historia y conciencia obrera

... "El hombre no tiene naturaleza, sino historia"

         "Cultura es,..., el mundo histórico del hombre en su más amplio sentido"


José M. García Leduc
Historia y conciencia obrera
Reflexiones de un practicante del oficio de historiador
José Manuel García Leduc

      Conferencia presentada en el simposio Historia y Conciencia Obrera,
      celebrada el 8 de abril de 2003 como parte de la Semana de la Biblioteca
       en el Centro de Documentación Obrera Santiago Iglesias Pantín

Al amigo y compañero, Dr. Antonio Mansilla Triviño, por su solidaridad y compromiso de siempre con las luchas Iibertarias y reivindicaciones ohreras.

El profesor Mario Roche, Director del Centro de Documentación Obrera Santiago Iglesias Pantin, tuvo la gentiieza de invitarme a participar en este simposio. Me sugirió desarrollar el tiema Historia y conciencia obrera. Agradezco, sobremanera, la invitacfón del distinguido compañero, infatigable luchador por los derechos de los trabajadores y decidido promotor del estudio de la historia del movimiento obrero en Puerto Rico.

Sospecho que la invitación tuvo algo que ver con el hecho que mi oficio es ci de historiador; mi compromiso con la ciase trahajadora y sus luchas reinvicadoras; y, desde luego, por mis vínculos con ci Centro de Documentación Obrera Santiago Iglesias Pantín desde su fundación. Las sencillas reflexiones que voy a exponer parten de la perspectiva que me brinda el oficio que he practicado durante años con la mayor responsabilidad y seriedad que han estado a mi alcance.

"La Historia", la disciplina histórica y el historiador:
No es aconsejable hablar de historia sin tomar en consideración lo señalado por el historiador frances Pierre Vilar: "El peiigro más grave, en La utilización del término 'historia’ sea su doble contenido: ‘historia' designa a la vez el conocimiento de una materia y la materia de este conociiniento". [1] La distinción es adecuada y esclarecedora.

Llamamos "la Historia", con mayúscula, al drama o experiencia universal acumulada y protagonizada por todos los seres humanos dentro de los limites sociales, espaciales y temporales. Esta constituye la materia que estudia la disciplina histórica que Ia convierte en el objeto de sus insvestigaciones y la estudia con todos los medios a su alcance. Esto, con el propósito de adquirir y construir un conocimiento racional sobre ella. La disciplina histórica es a Ia que también llamamos "historia", pero con minúscula.

En otras palabras, la "historia" (con minüscula) es la disciplina que investiga y estudia a "la Histori"(con mayúscula). En el proceso, la primera coustruye un conocimiento o saber sobre la segunda que no solo contrihuye a conocerla, sino también a conservarla. En gran medida, lo que se conoce y conserva de "la Historia" es gracias a las investigaciones y estudios que hacen sobre ella los historiadores o practicantes de la disciplina histórica (Ia historia).

Esta última es considerada por algunos una ciencia; y por otros un arte literario. En realidad, es ambas cosas. Es ciencia, en cuanto descansa sobre la investigación y el estudio racional de evidencias comprobables: las huellas o testimonios del pasado que quedan en el presente. Es arte literario, en cuanto es escritura o literatura que debe realizarse con la mayor corrección y pulcritud estilística o estética. El conocimiento o saber histórico debe ser resultado de Ia combinación equilibrada de ambos aspectos que, lejos de ser antagónicos, son esenciales y complementarios en La construccidn historiográfica.

El historicdor es quien practica la disciplina histórica, esto, mediante sus investigaciones, estiudios e interpretaciones del pasado de los seres humanos, sus sociedades, culturas y civiLizaciones. En el proceso, el historiador no solo construye un conocimiento o saber sobre 'Ia Historia' (en cuanto drama o experiencia humana y social universal), sino que es uno de los que más contribuye a conservarla y a despertar conciencja de sus múltiples significados; esto es, de sus múltiples usos, importancia y valor para Los seres humanos y las sociedades del presente.

El oficio de historiador, como metafóricamente lo llamó el gran historiador francés Marc Bloch[2], requiere de una formación profesional cabal, depurada y exigente; y, más indispensable aún, de la aceptaciOn consciente de Las responsahilidades profesionales y sociales que conlleva su ejercicio o práctica.[3] Si metafóricamente el historiador practica un oficio, es, por lo tanto, un artesano que posee conocimientos y domina destrezas especiales que debe aplicar con el mayor rigor y excelencia posibles en la construcción del producto asociado a su arte. Su arte es, precisamente, la construcción del conocimiento o saber sobre 'Ia Historia'.

Esto lo hace investigando, descubriendo, estudiando, seleccionando e interpretando lo que metafóricamente llama huellas. Estas la componen los diversos materiales y múltiples testimonios del pasado que prevalecen o subsisten en el presente. El pasado raras veces desaparece o elude nuestra percepción de manera absoluta o total. Este generalmente deja sentir su presencia en el presente a través de sus huellas.

Es al historiador que corresponde descubrirlas e interrogarlas para conocer sus contenidos y establecer su pertinencia o relevancia. La acción de descubrir las huellas del pasado (literalmente, quitarle el velo que las cubre u oculta) incluye, ante y sobre todo, el reconocimiento de los significados y trascendencia que tiene su conocimienlo para los seres humanos y las sociedades del presente. Como afirma el historiador mexicano Luis Gonáalez: "En el oficio de historiar es básico saber distinguir en lo historiable lo digno de historización".[4] Esta acción desempeñará un papel decisivo en el destino de esas huellas; esto es, en lo que respecta a la determinación final de si se valoran positivamente y se conservan para el presente y la posteridad. Si el juicio le es adverso, las huellas se desvanecen o, en el mejor de los casos, se resguardan en el olvido hasta que en algdn otro presente los historiadores se interesen nuevamente por ellas, las revaluen y decidan rescatarlas.

Asi como el artesano se esmera en construir un producto de calidad y excelencia, el historiador debe igualmente esmerarse en construir su historia con calidad y excelencia. Si el artesano construye su producto para que sea útil a quien lo posea, el historiador debe también construir un conocimiento o saber de "la Historia" que sea igualmente útil y aplicable aI que se interesa en poseerlo en el presente. La disciplina histórica se mueve constantemente como un péndulo

del presente al pasado y del pasado al presente, aunque su fulcro o punto de partida y de regreso siempre es el presente. Este es el que determina, en última instancia, su interés por el pasado.

El historiador decimonónico suizo-alemán Jacob Burckhardt señaló que "la historia" es el registro o conservación que hace el presente de aquello que considera de utilidad o valor en el pasado.[5] Por su parte, más recientiemente, el historiador inglés Edward H. Carr afirmó: "La gran historia se escribe precisamente cuando la visión del pasado por parte del historiador se ilumina con sus conocimientos de los problemas del presente'.[6] Ambas percepciones son correctas. Sin embargo, debo apostrofar que el conocimiento de los prohlemas del pasado amplía y contribuye a su vez a la comprensión de los problemas del presence. Ahí es que radica, precisamente, la utiiidad del conocimiento o saber histOrico.

Historia, conciencia y pertenencia:
Contrario a la opinion común, construida con una burda, desequilibrada y obsesiva preocupación por lo monetario, el conocimiento de "la Historia" no es uno dispensable ni, mucho menos, desechable por alegadamente carecer de utiiidad. Ciertamente, éste no es convertible mágicamente en fuente de riquezas materiales o en jugosas cuentas bancarias, pues la historia no es alquilnia ni los historiadores alquitnistas que convierten en oro el conocimiento o saber que construyen del pasado. Su utilidad es de otra naturaleza, aún más importante y trascendente que las efímeras riquezas materiales.

Util es aquello que produce fruto o provecho. La utilidad de Ia historia radica en que el conocimiento o saber que construye del pasado contribuye decisivamente a descubrir o conocer quienes realmente somos y a desarrollar conciencia de nosotros mismos como seres humanos, como miembros de una sociedad y como poseedores- portadores de una cultura. Respecto a lo último, vale lo señalado por eI distinguido antropólogo e historiador puertorriqueño Dr. Eugenio Fernández Méndez: "Cultura es,..., el mundo histórico del hombre en su más amplio sentido".[7]

El conocimiento de "la Historia" nos ayuda a conocer que las sociedades no ban sido uniformes ni igualitarias, sino que se han dividido y estructurado en sistemas de clases y categorías socioeconómicas y que en ellas ban prevalecido estructuras de poder (econónicas, sociales y políticas) que han impuesto distribuciones de la riqueza social desiguales e injustas. Por eso es que a lo largo de los siglos han existido ricos (los menos) y pohres (los más). Nos ayuda también a comprender que esas estructuras no son eternas ni perpetuas, si no alterables, cambiantes y hasta erradicables dentro de la dinámica de luchas que ha caracterizado la historia de las sociedades humanas.

En 1848 Carlos Marx y Federico Engels expresaron: "La historia de todas las sociedades hasta nuestros dias es la historia de las luchas de clases... Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una Iucha constante, veladas unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna". [8] Visión de la historia de las sociedades aún esencialmente adecuada y aplicable en el análisis histórico, esto, aunque requiera de ciertas revisiones como las realizadas por la escuela de historiadores marxistas británicos (e. g., Cristopher Hill, Eric Hobsbawn y Edward P. Thompson).[9]

El conocimiento de "la Historia" contribuye igualmente a descubrir o conocer a cuál de esas clases y categorías socioeconomicas se pertenece y a desarrollar conciencia de clase. Conciencia es el conocimiento de lo que somos (nuestra esencia) y de aquello a lo que pertenecenos. El filósofo checo Milan Prucha afirma que, tanto to uno como lo otro, son "productos de la historia".[10] Esto significa que ambos, el sentido de lo que se es y de aquello a Io que se pertenence, se construyen y definen progresivamente en la historia. Esto es, mediante la acción y el quehacer de los mismos seres humanos dentro de los contextos sociales, espaciales y temporales en que éstos realizan su historia. Tal vez, esto es lo que esencialmente quiso decir el filósofo español José Ortega y Gasset al afirmar: "El hombre no tiene naturaleza, sino historia"; enunciado excelentemente explicado por el estimado amigo y colega de tantos buenos años de luchas, el Dr. Antonio Mansilla.[11] Segiún José Ferrater Mora, Ortega y Gasset consideraba a "la Historici" como el elemento que baña y permea toda la realidad humana.[12] Sobre lo que profundiza eI Dr. Mansilla señalando que para Ortega: "La historia constituye Ia esencia de la vida... El pasado genera la actualidad presente del hombre. El hombre con su quehacer diario hace su propia historia, pero a la vez la misma historia va haciendo al hombre".[13]

Esto es to que hace imperativo conocer "la Historia", si es que queremos conocer o saber quienes realmente somos y a aquello a Io que pertenecemos. Este es el meollo o tuétano del tema que nos ocupa: el liaison Historia-conciencia obrera.

Historia y conciencia obrera:
Se adquiere conciencia obrera (cabal, sólida e integralrnente) mediante el conocimiento de ser obrero u obrera y de pertenencer a la clase obrera o clase trabajadora. El estudio y conocimiento adecuado de "la Historia" particular de la clase ohrera o clase trajadora y de "la Historia" en general de Ta sociedad, contribuyen al desarrollo de esa conciencia y sentido de pertenencia.

En 1864 Carlos Marx escribió: "La clase obrera posee un elemento de triunfo: el número. Pero el número no pesa en la baianza si no está unido por la asociación y guiado por el saber. La experiencia del pasado nos enseña como el olvido de los lazos fraternales que dehen existir entre los trabajadores de los diferentes paises y que deben incitarles, a sostenerse unos a otros en las luchas por la emancipación, es castigado con la derrota común de sus esfuerzos aisiados".[4]

Tres conceptos básicos se desprenden de las palabras de Marx como indispensabies para que los trabajadores y trabajadoras triunfen en sus luchas reinvidicadoras y emancipadoras. Primero, no basta ni es suficiente que sean mayoría numérica; segundo, es necesaria su unión 0 asocioción; y, tercero, es igualmente indispensable que estén guiados por el saber. ¿Qué tipo de sober? Marx se refirió específicamente al saber que se adquiere mediante el estudio de las experiencias del posodo para aprovechar las enseñonzas que de ellas se desprenden o se pueden derivar.

El conocimiento de esas experiencios del pasodo es posihle, principalmente, medianle ci estudio, anáiisis y discusión de "la Historio" de los trabajadores y trabajadores o de su clase. Esa historio se conserva en las huellas o testimonios que permanecen y subsisten en el presente. Estas son las que permiten a los historiadores (y a todos los interesados) estudiarlas y hacer sus construcciones para el concocimiento y utilidod (entiéndase, provecho) de las generaciones presentes y futuras.

Ahi radica, fundarnentalmente, la irnportancia de la conservación de esas huellas o testinionios del pasado de la clase obrera o close trabajadora. Esta es tarea indispensable e indelegable del presente. Es Ia principal razón de ser del Centro de Documentación Obrera Santiago Iglesias Pantin de la Universidad de Puerto Rico en Humacao.

Este existe para eso, precisamente; esto es, para conservar las huellas o testiinonios de la clase ohrera puertorriqueña en la totalidad de su quehacer histórico. Existe para conocer sus luchas y vicisitudes para asociarse y organizarse para alcanzar sus justos reclamos; también para identificar sus errores y diseñar estrategias para superarlos y evitar repetirlos en el presente y en el futuro. Este valioso legado es punto de referencia obligado para el desarrollo de una conciencia ohrera por los trabajadores y trabajadoras de Puerto Rico. Es una de las principales convergencias entre su pasado y su presente, y más importante aún, cuenta con los materiales indispensables para construir una brújula segura para orientarse con paso firme hacia el futuro.

Reflexiones finales:
La experiencia del pasado nos enseña -como afirmó Marx en 1864-, pero solo si se conoce y estudia con rigor y seriedad. En realidad, "la Historia" en si misma no enseña nada. Somos nosostros los que tenemos que aprender de ella. Si se estudia con la firme determinación de aprender de ella, entonces "la Historia" se convierte en una gran tnaestra. Esa firme determinación es hoy, probablemente, más indispensable que nunca antes en "la Historia" de la clase ohrera o clase trabajadora , esto, para exorcizar los espiritus malignos de la llamada globalización.

Este nuevo totem del capitalismo avanzado o neoimperialismo y del llamado neoliberalismno amenaza con ampliar aún más la enorme brecha existente entre los ricos y los pobres del mundo. Esta es su otra cara, la que oculta, esto es, la glohalización de la pohreza y el despojo de los derechos y reivindicaciones alcanzados por la clase ohrera o clase trabajadora en sus luchas multiseculares.

El reconocido historiador e intelectual tico Rodrigo Quesada Monge advierte: "La gente tiende a pensar que la globalización es un capítulo totalmente nuevo del desarrollo histórico del capitalismo. Si vamos a ser rigurosos, el mismo ha avanzado indefectiblemente hacia ahí, casi desde los momentos iniciales en que empieza a figurar en la historia".[5] El capitalismo es globalizante por su naturaleza voraz e insaciable de acumular riquezas, sin ataduras ni compromisos humanos, morales o sociales.

Quesada Monge también advierte: "Globalizar en la terminología 'neoimperialista’ no significa integrar, tampoco humanizar o revalorizar Llas prácticas económicas, sociales, políticas y culturales de los pueblos en una nueva etapa de su desarrollo. Significa todo Io contrario: esencialmente desintegrar las economías nacionales, para que se incorporen por la fuerza de la competencia a un nuevo tipo de mercado mundial. En estas situaciones, la deshumanización es inevitable, pues los individuos buscan concentrar sus esfuerzos en el rendimiento, en la capacidad de producir cosas, no en generar ideas, sentimientos o hechos que los acerquen más, sino que los separen de una vez por todas".[6]

En otras palabras, la glohalización está llevando el fenómeno de la alienacion o enajenación del ser humano --analizado tan profundamente por Marx-- a extremos insospechados. Está prornoviendo un nuevo tipo de esclavitud, aquella que ejerce un mercado capitalista global, arrogante y despiadado "que no duda en aplastar at que se le oponga", y el de "las mercancias sobre lo seres humanos". Las estrategias glohalizantes, como las zonas de conhercio lihre y las alianzas comerciales están diseñadas para beneficiar más aún a las corporaciones o países propietarios de la tecnología, cada vez más sofisticada y cara, y explotar aún más a los paises que aportan la fuerza de trahajo.[7]

Así es que la globalización nada tiene que ofrecer a las trabajadoras y trabajadores que no sea la amenaza de privarlos de los beneficios, derechos y reinvidicaciones que han alcanzado con sus luchas multicentenarias. Ese es el reto que la clase obrera o clase trabajadora tiene que enfrentar en el presente y en el futuro previsible, esto, profundizando y solidificando su concienca de clase aprovechando al máximo lo que la experiencia del pasado nos enseña como un arna en la lucha para defender los derechos adquiridos, promover sus intereses y salvaguardar su humanidad amenazada por la voracidad despiadada del capital y la glohalización.[8]


Notas bibliográficas

  1. Vilar, Pierre, Iniciación al vocabulario del análisis histórico, traducción de M. Dolores
    Folch, 3a edición, Barcelona, Editorial Crítica, 1981, p. 17 .
  2. Ver Bloch, Marc, The Historian's Craft, traducción del francés de Peter Putman, New York, Vintage Books- Random House, S.F.
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